Enrique Metinides, el fotógrafo de la muerte

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A Metinides le gustaba el riesgo, se adentraba en el caos y fotografiaba la muerte. Sus queridas cámaras vieron en las catástrofes una oportunidad para pasar a la historia. Se considera un mito de la fotografía mexicana y es que pocos se han atrevido a poner su vida en juego como lo hizo el señor Enrique.

A los diez años de edad vio su primer cadáver decapitado. Éste fue el primer paso para construir una carrera que comenzó en 1940 y terminó en 1993. La actualidad se convirtió en espectáculo y sus creaciones fotográficas contenían ese punto cinematográfico que hacía que dudaras de la cruel realidad.

Durante 50 años fotografió todo tipo de escenas de crimen en la Ciudad de México. Su padre tenía una tienda en el centro de la ciudad, Avenida Juárez, en la que vendía cámaras y carretes a los turistas. Tras el derribo del comercio , le regaló una de sus cámaras a Enrique y allí comenzaría a forjar su ilusión.

Era adicto a la acción, a los sucesos de actualidad. Metinides repasaba cada uno de los diarios de todo el mundo y coleccionaba los crímenes como si de un álbum de pegatinas de fútbol se tratara. Hasta que un día, los medios fueron los que comenzaron a archivar sus fotografías y a demandarlas debido a su impacto y calidad informativa.

Era un aliado de la policía, un ayudante de fotografía que se convirtió en líder, un apoyo a la investigación. Lo que Metinides veía a través de la cámara era increíble, sabía captar cada esencia del momento, cada detalle del acontecimiento. Pocos fotógrafos han sabido representar la frialdad como Enrique y eso le ha convertido en historia.

Vía Esquire.es